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EL CARTEL ANUNCIABA...

Por PABLO VARAS. - 22 de Octubre, 2006, 16:49, Categoría: General



   EL CARTEL ANUNCIABA

"HERCULES CONTRA LOS PIRATAS"
  
 Pablo Varas
 Para recordar a:
 (Carmen Bueno Cifuentes y Jorge Müller Silva. Militantes del MIR, detenidos desaparecidos)


En la pantalla de aquel cine, Hercules lanzaba unas enormes piedras que
caían justo en medio del barco pirata, este ya había perdido sus velas que
con estruendo cayeron sobre los dieciocho remeros de la embarcación, fue
ese instante en que aprovecharon los que lograron sobrevivir ante
descomunal ataque, para lanzarse a las aguas y tratar de alcanzar la playa.
Era un día soleado y los músculos de aquel actor llenaban toda la pantalla.
Lavinia, la prometida de Hercules se tapaba los labios con la punta de los
dedos de su mano izquierda, en un gesto de susto incontenible.

En la última fila de aquel cine, dos adolescentes no se perdían detalles de
aquella película, todo lo que en ese instante sucedía era real, aquello
estaba pasando en ese lugar, los dos habían olvidados sus cuadernos de
historia. Jorge había tomado la mano de Carmen, la mantenía así tranquila,
como para que ella supiera que él estaba a su lado en el momento en que uno
de los piratas le hacía un corte, no muy profundo, en el costado izquierdo
a Hercules. De vez en cuando Carmen cerraba sus ojos, le daba pena el
trágico fin de aquellos piratas, pensaba en sus cuerpos expuestos al sol
para que aves carroñeras los hicieran desaparecer.

En la pantalla aquel combate había terminado, Lavinia abrazaba a Hercules y
mientras él la llevaba en brazos, ella se aferraba a su cuello, y lo hacía
para que nunca más volvieran a separarse

Carmen colocó su mano derecha sobre la de Jorge, se quedaron mirando en lo
oscuro unos instantes, y ese fue sin duda el mejor de todos los besos que
se han dado en la última fila de aquel cine. Nunca más volverían a
separarse, Jorge le prometió que siempre la traería a ese lugar, cuando
pasaran una película de Romanos.

Como si ellos dos hubieran inventado su propia religión, se encontraban con
puntualidad en la plaza Egaña, caminaban con todo el tiempo y sus horas
vestidas, hasta José Miguel de la Barra 72.

Pudo haber sido lo que sucedía con cierta frecuencia en la última fila de
aquel cine los domingos por la tarde, o los tiempos que le tocó vivir que
los llevó a los dos esa tarde cuando ya anochecía a colocarse detrás de la
pantalla, allí lo vieron todo, quedaron de ese lado de los que cuentan
buenas y malas historias de vida.

La historia en ese periodo llegó con un viejo sombrero de mago, que había
comprado en el Mercado de Chillan, sin duda por eso no tenía fondo y de el
salían asustados conejos, palabras con sus sombras, alocados pasajeros que
llegaban con algún minuto de atraso a la estación de trenes, sombreritos
blancos de anchas alas que cubrían niñas vestidas de percal, se podía ver
también la sombra de quien había cantado en la vidriera de aquel almacén y
aquella grela que abandonaba el salón de baile con las segundas horas de la
madrugada. Carmen y Jorge todo aquello lo fueron guardando en esa caja,
junto a recortes de diarios y las cartas que se escribían los besos que
ellos se daban, es por ello que a nadie asombró que estuviera la sombra del
sol envuelta en un pequeño papel de color rojo y negro.

Desde aquel día en que juntos descubrieron que había otro mundo detrás de
la pantalla, de cine donde se podía ver a los actores como se cambiaban de
vestuario, donde el choque de las espadas daba un frío escalofriante, se
juraron no abandonar aquella caja. Durante años fueron recogiendo todo lo
que encontraron. Jorge guardó en cierta ocación a Chaplín con la condición
de que no hablara, Carmen guardó una moneda que se le cayó al Mercader de
Venecia en día de aquel juicio. Todo lo que veía lo metían en su caja. Todo
aquello era serio. Se les veía como desaparecían cantando sus canciones por
caminos empolvados en el sur y el norte, y volvían con más cosas en su
caja.

La caja de Carmen y Jorge estaba en el centro de la mesa. Los dos se
miraban mientras el café llenaba de aroma el departamento, ella repartía de
forma regular la mermelada en aquellas tostadas y con su mano derecha le
desordenaba el pelo a Jorge.

Ese calendario no mentía, también lo tenían los otros. Era el 29 de
noviembre de 1974.

Jorge y Carmen se fueron caminando despacio desde calle Salvador cerca de
Bilbao, con rumbo hacia Providencia. En el bolsillo de la chaqueta de él,
quedaban restos de las arenas del desierto de Atacama, Carmen llevaba bajo
el brazo aquella caja que nunca dejaron, tenía ruido incluso, si se movía
sonaban alegres piedras pequeñas, de todos los colores que ellos recogieron
en sus veranos cuando hundían sin miedo, sus pies en las arenas de aquella
playa.

Guardaron algunas canciones de Sandro, hasta el surco de una balada de Leo
Dan, un trozo de un arado, los latidos de sus corazones cuando bailaron
Morir un Poco, Carmen fue tomando ruido por ruido que dejaban las gotas de
lluvia al llegar al suelo, las acomodó una al lado de la otra, de tarde en
tarde sacaba una de ella y la colocaba frente a sus ojos para ver el sol.

Estaban llegando a la calles Los leones con Providencia cuando ese ruido
que nunca habían escuchado se puso frente a ellos, Jorge apretó fuerte la
mano de Carmen y ella guardo aquella caja de el bolsillo de su chaqueta.

Desde ese día ellos trataron de borrar los días del calendario, pero Carmen
los guarda en medio de sus dolores y los de Jorge, guardó todos los
detalles como si ellos dos estuvieran viendo el mundo por el ojo de una
cerradura de una puerta.

Fátima Mohor dijo que aquel 2 de diciembre de 1974, en la calle José
Arrieta N* 8.200 de Peñalolen en Santiago, vió a Carmen Bueno tapando con
arena nombres, calles, fechas y direcciones que tenía en aquella caja. Ella
contó que Carmen se abrazaba mientras decía que Jorge la estaba saludando,
que era un abrazo del próximo cumpleaños, riéndose le conformó que él se
los mandaba siempre adelantado.

Cuando Silvio encontró aquella caja lo supimos todo, estaba ese primer beso
de ellos dos en la película de Hercules contra los piratas, hasta esa foto
donde aparece Antonieta Castro escribiendo esta carta.

"fui llevada al sector de incomunicados de Cuatro Alamos el 11 de diciembre
de 1974 alrededor de las 15.00 horas. En ese instante me cruzé en aquellos
pasillos con Carmen Bueno, vestía blue jeans azules, sandalias, una polera.
Me introdujeron en la pieza N° 15. Encontré escrito en la muralla su nombre
y seis pequeñas rayas, por allí pasó Carmen, ella era así, dejaba escrito o
guardaba todo lo que encontraba a su paso".

En una esquina de aquella caja estaba aquel trozo de cartón que tenía
apariencia de un rompecabezas, detrás y en letra muy pequeña decía.

"Fui llevado vendado y amarrado a Villa Grimaldi, posteriormente trasladado
al pabellón de incomunicados del campo de concentración de Tres Alamos.
Allí compartí la misma celda N° 13 con Jorge Müller Silva desde el 10 de
diciembre hasta el 18 del mismo mes, fecha en que Jorge fue sacado junto a
Carmen Bueno Cifuentes, ambos vivos y en buen estado físico pesar de las
torturas a que fueron sometidos".

Esto fue escrito por Victor Zuñiga Arellano la mañana aquella, algunas
horas antes de que intentara fugarse de la Penitenciaría de Santiago,
cuando en el calendario corrían los días de octubre de 1985.

Largo rato se quedó Silvio mirando el interior de aquella caja, que ese
personaje vestido de pirata le había entregado en sus manos mientras
sonreía y le pedía que le firmara como un recibo conforme, la entrada de
aquel cine, donde se había pasado aquella película de Hercules contra los
Piratas y de eso ya había pasado algunos años.

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