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CUANDO SE PONEN A CONVERSAR.......

Por Pablo Varas. Desde Bélgica. - 28 de Octubre, 2006, 5:05, Categoría: General



CUANDO SE PONEN A CONVERSAR
TENIENDO TODO EL TIEMPO DEL MUNDO

(a Juan José Boncomte, a José Carrasco)

Haz lo que tienes que hacer, le dijo Boncompte al Pepone, este se negaba,
no podía entender que aquello estuviera sucediendo.

Cuando llegó el Pepone a la pensión para compartir el mismo lugar, Juan
José ya estaba instalado. Tenía una biblioteba que ocupaba una muralla
entera que daba hacia al lado norte de la habitación. Sus libros los había
ordenado por años y también por siglos, en eso era riguroso. Desde hacía
algunas lunas que estaba investigando el juicio que le había hecho la
Inquisición a Galileo Galilei, claro, esas son las cosas de Juan José que
todos debemos entender y que le encanta hacerlas ahora.

El Pepone lo primero que hizo fue colocar en la muralla una enorme foto de
sus amigos, Juan Pablo, Juanita, Pamela, Sambo, Paulsen, y de Mónica.
Estaban todos. El la había tomado. Al lado está en la que tiene a sus dos
hijos a su lado, se puede ver el mar de fondo, y el viento le había
desordenado los cabellos.

No andaba con nada más.

Pensé que yo iba a ser el útimo, le dijo Juan José al Pepone. Desde acá
solo hay espacio para dolerse, no podemos llorar, esa es una cuestión que
la deberemos conversar y cuanto tiempo tenemos para nosotros.

Cuando me enteré, empezó a contarle el Pepone, que te habían asesinado en
Valdivia, lo primero que pensé fue que se me agolparon esos tiempos cuando
transitabamos los primeros años de la larga noche, los pasillos infiernosos
de la Villa Grimaldi. Esos días amargos de nosotros y alegres en nuestros
enemigos.

Cuando leí el periódico cada nombre era un enorme golpe, conocía
Concepción, había estado en algunas ocaciones en el Mercado y aquella tarea
de asociarlo a ustedes, a sus cuerpos quietos ante las miradas desplicentes
de sus asesinos. No dejaba de pensar en ti y antes que ti, en Luciano Aedo,
Mario Lagos, Nelson Herrera, Mario Mujica, Rogelio Tapia, Raul Barrientos.
Algunos de los que nos encontrabamos en Mexico en ese momento, no podíamos
soportarlo, a ustedes los estaban asesinado y puede haber sido estos hechos
los que me obligaron para apurar más mi regreso. Me faltaba escribir y
contar, porque ese ha sido siempre mi oficio, ser periodista y lo fuí hasta
cuando me llevaron a ese sitio eriazo y me dispararon tantos tiros en la
cabeza.

Mientras dada mis últimos pasos, recordaba, y mientras me obligaban a
tenderme en la tierra, lamentaba las cartas que no había alcanzado a
escribir, los reportajes y los análisis que habían quedado inconclusos,
pero sabía también que otro se sentaría en mi escritorio y seguiría
haciendo lo mismo, ese es el sino de los periodistas. Pero mis sentimientos
estaban en el partido. Recordé también olores tan personales, besos
generosos y bellos.

Pepone se puso a mirar por aquel espacio y nada se parecia a nada, dió un
aplauso con sus manos y debe haber sido ese gesto que lo hizo comprender
donde estaba. Cuando giró la cabeza se encontró con Juan José que lo
observaba en silencio, él había llegado antes

En mi caso, empezó a contarle Juan José, cuando llegué aquí, me dolía todo,
Ines ya estaba por tener a la niña y presentí que necesitaría por toda su
vida cantidades inmensas de amor para que la Javiera continuara sus
hermosos días. Eso lo presentí cuando estaban sacando a Ines de la casa y
me tendieron en el suelo de la cocina, y al igual que tú. Me quedé en esa
estación del recuerdo, me abrazé a esas dos mujeres y no sentí nada más. No
pude hacer nada, estaba desarmado, solo andaba vestido con la vieja
armadura. Ines escuchó los disparos.

Se quedaron en un silencio descolgado, sin tiempo, como el que estaban
viviendo, una pausa sin ningún ruído, como el que existia en ese lugar y en
todo, más allá y más arriba también.

Aunque te cueste entenderlo ahora, y lo entenderás después, hay ocaciones
en que nos encontramos todos los que estamos acá y somos muchos, claro que
eso depende de lo que suceda allá, le dijo riendose.

Pepone le interrumpió y le pidió que le contara porque estaba leyendo a
Galileo, cuando en relación a ese astrónomo todo estaba claro.

Juan José comenzó por recordar que había sido un buen estudiante y que
desde pequeño miró con asombro las luces que aparecian en noches despejadas
y le pedía a la más grande, a la más iluminada, que le ayudara para que su
vecina le pidiera que le regalara su lagartija que tenía en una caja de
zapatos. Era lo mejor que tenía en esos tiempos, le contó, era según él, el
más hermoso trofeo imaginable.

Algo parecido también me sucedió, le contó el Pepone. Yo le escribía
cartas, le pasaba a dejar todas las mañanas media hoja de cuaderno, que
había escrito la noche anterior, y se la deslizaba por su ventana. No sé si
las habrá leido, pero debo decir ahora, que en aquello coloqué mis mejores
ropas de poeta, aunque pensandolo bien, puede que no hayan sido tan buenos.
Yo no sé, le dijo, si le pedimos a la misma estrella que nos ayudara en
aquello y otros tantos hacían lo mismo, la lista de espera debe haber sido
enorme y claro, cuando llegaron los nuestros nosotros ya estabamos más
grandes.

Parece estimado amigo, le dijo Juan José, que no nos ayudaron. Finalmente
mi mamá, le contó, cuando vió a mi trofeo que tanto me había costado
meterla en aquella caja, la soltó en el patio y a la vuelta del colegio no
estaba ni la caja, me di por enterado que aquello no debería hacerse, pero
es que yo quería que aquella niña de cabellos largos me la pidiera como una
prueba de amor.

El Pepone le insistió que le hablara sobre Galileo.

Juan José comenzó por contarle que todos aquellos hechos no estaban
cerrados, que los protagonistas, a pesar de haber pasado tanto tiempo
todavía estaban en conflicto.

Tú sabes que Galileo dijo "eppur, si mouve" mientras decia que la luna era
un trozo de queso. No me equivoco si te digo que este astrónomo es sinonimo
de libertad, un icono presente, convertible en todos los hechos que hemos
visto como se suceden y en los que van a venir y que presenciarás desde
donde estamos. Este no es el cielo ni el infierno y no estamos purgando
nada, estamos donde estamos porque es así, este es el lugar nuestro. Pero
sigamos, le acotó.

Galileo nunca fue torturado, eso se dice. La Inquisición sostiene que era
necesaria su rendición porque él no es que tuviera miedo a los palos ni al
estiramiento, ni al potro, sino que no quería irse al infierno. Es bueno
saber que en esos años, en la escuela peripatética de Pisa, estaba llena de
aristótelicos, sus enemigos más acerrimos y envidiosos, y la Congregación
para la Doctrina de la Fé, o el ex Santo Oficio de la Inquisición. Sostiene
que decir que a Galileo se le torturó es una mentirosa imaginación que
pretender arrinconar a la iglesia en alguna esquina del oscurantismo.

Puede que tengas razón le respondió el Pepone. El papa Urbano VIII en
persona pidió que aquel juicio fuera rápido, la salud de Galileo no era
buena, incluso he leido que la noche anterior a la ultima sesión él
pernoctó en la casa de uno de los inquisidores. Debo decir que eso se ha
escrito de él en este caso.

Recordemos algunos hechos. Galileo era bastante conocido, su reputación de
astrónomo no era discutida, sabía demasiado y sin duda ese puede ser un
indicador que hace que la iglesia católica se vea en la necesidad de
enfrentarlo utilizando aquellos métodos. Galileo estaba al tanto de lo que
le había sucedido a Giordano Bruno a quien habían torturado por siete años
y que finalmente terminaron quemandole vivo en la plaza del Campo del Fiori
en el 1600. Claro Galileo tenía treinta y seis años y aquellos hechos
estaban demasiados frescos en su memoria. Agreguemos que Descartes había
pedido asilo político en Suecia, bajo el amparo de la reina Cristina y que
más encima, antes que ellos había pasado Copernico, que llevaba años entre
los escritos prohibidos.

Pero la verdad querido amigo, es que después del último interrogatorio
Galileo volvió extenuado y debe ser comprensible, luego de haber escuchado
que le decían: "El Santo Oficio te ha encontrado vehemente sospechoso de
heregía, o sea, de haber sostenido y creído la doctrina falsa y contrarias
a las Sagradas Escrituras, de que el Sol es el centro de la tierra y no se
mueve de oriente a occidente, y que la tierra se mueve y que no es el
centro el mundo"

No te apures en eso, le dijo Juan José, Tendremos bastante tiempo para
seguir conversando este tema, para divagar en estos hechos, le acotó
Boncompte al Pepone.

Pero hay un pequeño inconveniente que deberás resolver. Desde aquí podemos
ver como hay personas que llegan hasta el lugar en que te asesinaron y
colocan velas y te piden que les ayudes en sus problemas, te vienen a pedir
favores, te has convertido en una "animita".

Te propongo, ya que tenemos todo el tiempo que está a nuestro lado que
estudiemos juntos cada petición, le dijo Juan José, pero hagamos que sean
ellos mismos lo que consigan encontrar sus respuestas, porque finalmente la
solución a estas demandas está en sus manos y no en nosotros aún menos en
el lugar en que nos encontramos, pero ten cuidado Pepone, todos te
conocemos, hay cosas en las cuales desde aquí, no podemos hacer.

Pudo haber sido una mañana o el atardecer en aquel lugar, donde el sol
estaba de frente a la luna y no habian sombras, pero luego de conversar ya
por años sin medir todos los tiempos que los tenían escritos en las palmas
de sus manos, lo vi perderse en el tiempo al que fueron obligados a
permanecer y sabía tambien que en nuestros calendarios, los de acá abajo,
eran sumas diarias de sus ausencias.

Juan José debe estar aún conversando con el Pepone. Yo sé que la tierra
gira alrededor del sol y que la luna no es un queso verde podrido, pero no
deja de asombrarme como hace quinientos años un hombre tenia que renunciar
a lo que sostenía.

Claro el Juan José y el Pepone no eran esos, pero la nueva Inquisición nos
los arrebató y conociendolos seguramente el Pepone debe haber formado ya un
equipo de basqueball y preparado un torneo de ajedrez.


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