
SALIDA DE EMERGENCIA.
Me estaba quedando pegada en la patética postura
de la romántica que muere y renace sin ser invitada.
Como jugando, las palabras que eran parte de la muerte,
las comencé a utilizar sin su sentido, le dije te quiero,
le dije me estoy enamorando y poco a poco, se transformó
en un callejón de noches con sueños repetitivos,
de escritos rozando el empalagoso sabor,
del pegajoso y sombrío mundo de
una obsesión.
Salí y bajé las escaleras, no más ascensor.
No más. Y puedo decir que conseguí el triunfo.