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1 de Junio, 2009

Articulo... del PAIS del domingo.

Por Sandra Rios.... desde EspaŮa. - 1 de Junio, 2009, 16:58, CategorŪa: General



REPORTAJE: Primer plano
Adios, clase media, adios!
La recesiůn golpea con dureza al principal sustento del Estado de bienestar

RAM√"N MU√"OZ 31/05/2009

Ridiculizada por poetas y libertinos; idolatrada por moralistas; destinataria de los discursos de pol√≠ticos, papas, popes y cuantos se suben alguna vez a un p√ļlpito en busca de votantes o de adeptos; adulada por anunciantes; recelosa de heterodoxias y huidiza de revoluciones; pilar de familias y comunidades; principal sustento de las Haciendas p√ļblicas y garante del Estado de bienestar. La clase media es el verdadero rostro de la sociedad occidental. En un mundo globalizado, en el que hasta en el m√°s m√≠sero pa√≠s siempre se puede encontrar a alguien con suficientes medios para darse un paseo espacial, s√≥lo la preeminencia de la clase media distingue los Estados llamados desarrollados del resto. Los pa√≠ses dejan de ser pobres no por el puesto que ocupan sus millonarios en el ranking de los m√°s ricos -de ser as√≠, M√©xico o la India estar√≠an a la cabeza del mundo dada la fortuna de sus potentados-, sino por la extensi√≥n de su clase media.

Pero parece que la clase media est√° en peligro o, al menos, en franca decadencia. Eso piensan muchos soci√≥logos, economistas, periodistas y, lo que es m√°s grave, cada vez m√°s estad√≠sticos. Como los dinosaurios, esta "clase social de tenderos" -como la calificaban despectivamente los arist√≥cratas de principios de siglo XX- a√ļn domina la sociedad, pero la actual recesi√≥n puede ser el meteorito que la borre de la faz de la Tierra. Siguiendo con la met√°fora, el proceso no ser√° instant√°neo sino prolongado en el tiempo, pero inevitable. La nueva clase dominante que la sustituya bien pudieran ser los pujantes mileuristas, los que ganan mil euros al mes. Tal y como sucedi√≥ cuando los mam√≠feros sustituyeron a sus gigantes antecesores, los mileuristas tienen una mayor capacidad de adaptaci√≥n a circunstancias dif√≠ciles. Tambi√©n se adaptan los pobres, pero no dejan de ser excluidos, mientras que los mileuristas son integradores de la masa social. Por eso se est√°n extendiendo por todas las sociedades desarrolladas.

El mileurismo -un t√©rmino inventando por la estudiante Carolina Alguacil, que escribi√≥ una carta al director de EL PA√ćS en agosto de 2005 para quejarse de su situaci√≥n laboral- ha dejado de ser un terreno exclusivo para j√≥venes universitarios reci√©n licenciados que tienen que aceptar bajos salarios para hacerse con un curr√≠culo laboral. En los √ļltimos a√Īos ha incorporado a obreros cualificados, parados de larga duraci√≥n, inmigrantes, empleados, cuarentones expulsados del mercado laboral y hasta prejubilados. Se estima que en Espa√Īa pueden alcanzar en torno a los doce millones de personas.

Su popularidad es tan creciente que ya hay varios libros dedicados exclusivamente a los mileuristas, tienen web propia y hasta película. Se llama Generazione 1.000 euro, una producción italiana que se acaba de estrenar. Cuenta la historia de un joven licenciado en matemáticas que malvive en una empresa de mercadotecnia y se enamora de otra mileurista. Basa su argumento en el libro con el mismo título que triunfó gracias a las descargas gratuitas de Internet (la gratuidad de la Red es una de las pocas válvulas de escape de los mileuristas).

Hasta los pol√≠ticos comienzan a mirar hacia ellos. Las medidas anunciadas por el presidente del Gobierno, Jos√© Luis Rodr√≠guez Zapatero, en el debate del estado de la naci√≥n, aunque luego descafeinadas, parecen ser las primeras especialmente dise√Īadas para mileuristas: equiparar las ayudas al alquiler, eliminar para las rentas medias la desgravaci√≥n de la vivienda (¬°el pisito, icono de la clase media espa√Īola!), bonos de transportes desgravables y, sobre todo, m√°ster gratis sin l√≠mite para graduados en paro. M√°steres, estudios de posgrado, doctorados, idiomas..., el signo de identidad de esta generaci√≥n Peter Pan, dicen que la mejor preparada de la historia pero cuya edad media de emancipaci√≥n del hogar familiar est√° a punto de alcanzar los 30 a√Īos.

La estad√≠stica da cuenta cada vez de forma m√°s fehaciente de la pujanza del mileurismo frente a la bendita clase media. Uno de los datos m√°s reveladores se encuentra en la Encuesta de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estad√≠stica (INE), un informe cuatrienal pero que desnuda la realidad sociolaboral como ninguna otra. Seg√ļn la misma, el sueldo medio en Espa√Īa en 2006 (√ļltima vez que se realiz√≥) era de 19.680 euros al a√Īo. Cuatro a√Īos antes, en 2002, era de 19.802 euros. Es decir, que en el periodo de mayor bonanza de la econom√≠a espa√Īola, los sueldos no s√≥lo no crecieron, sino que cayeron, m√°s a√ļn si se tiene en cuenta la inflaci√≥n.

Si nos remontamos a 1995, la primera vez que se llev√≥ a cabo la encuesta, la comparaci√≥n es a√ļn m√°s desoladora. El salario medio en 1995 era de 16.762 euros, por lo que para adecuarse a la subida de precios experimentada en la √ļltima d√©cada, ahora tendr√≠a que situarse en torno a los 24.000 euros. Se trata del sueldo medio, que incluye el de los que m√°s ganan. Por eso convendr√≠a tener en cuenta otro dato m√°s esclarecedor: la mitad de los espa√Īoles gana menos de 15.760 euros al a√Īo, es decir, son mileuristas.

Los sueldos se han desplomado pese a la prosperidad econ√≥mica e independientemente del signo pol√≠tico del partido en el poder en los √ļltimos a√Īos (desde 1995 han gobernado sucesivamente PSOE, PP y nuevamente PSOE). La riqueza creada en todos esos a√Īos ha ido a incrementar principalmente las llamadas rentas del capital.

Algunos dan definitivamente por muerta la clase media. Es el caso del periodista Massimo Gaggi y del economista Eduardo Narduzzi, que en su libro El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste (Lengua de Trapo) vaticinaban la aparici√≥n de un nuevo sistema social polarizado, con una clase tecn√≥crata reducida y crecientemente m√°s rica en un extremo, y en el otro un "magma social" desclasado en que se confunden las antiguas clases media y baja, definidas por una capacidad de consumo muy limitado, a imagen y semejanza de los productos y servicios que les ofrecen las compa√Ī√≠as low cost (bajo coste) como Ikea, Ryanair, Mc Donald's, Zara o Skype.

"Nosotros habl√°bamos de la aparici√≥n de una clase de la masa, es decir, de una dimensi√≥n social sin clasificaci√≥n que de hecho contiene todas las categor√≠as, con excepci√≥n de los pobres, que est√°n excluidos, y de los nuevos arist√≥cratas. La clase media era la accionista de financiaci√≥n del Estado de bienestar, y su desaparici√≥n implica la crisis del welfare state, porque la clase de la masa ya no tiene inter√©s en permitir impuestos elevados como contrapartida pol√≠tica que hay que conceder a la clase obrera, que tambi√©n se ha visto en buena parte absorbida por la clase de la masa. La sociedad que surge es menos estable y, como denunci√°bamos, potencialmente m√°s atra√≠da por las alarmas pol√≠ticas reaccionarias capaces de intercambiar mayor bienestar por menos democracia. Tambi√©n es una sociedad sin una clara identidad de valores compartidos, por lo tanto, es oportunista, consumista y sin proyectos a largo plazo", se√Īalan los autores a EL PA√ćS.

El declive de la clase media se extiende por todo el mundo desarrollado. En Alemania, por ejemplo, un informe de McKinsey publicado en mayo del a√Īo pasado, cuando lo peor de la crisis estaba a√ļn por llegar, revelaba que la clase media -definida por todos aquellos que ganan entre el 70% y el 150% de la media de ingresos del pa√≠s- hab√≠a pasado de representar el 62% de la poblaci√≥n en 2000 al 54%, y estimaba que para 2020 estar√≠a muy por debajo del 50%.

En Francia, donde los mileuristas se denominan babylosers (beb√©s perdedores), el paro entre los licenciados universitarios ha pasado del 6% en 1973 al 30% actual. Y les separa un abismo salarial respecto a la generaci√≥n de Mayo del 68, la que hizo la revoluci√≥n: los j√≥venes trabajadores que tiraban adoquines y contaban entonces con 30 a√Īos o menos s√≥lo ganaban un 14% menos que sus compa√Īeros de 50 a√Īos; ahora, la diferencia es del 40%. En Grecia, los mileuristas est√°n a√ļn peor, ya que su poder adquisitivo s√≥lo alcanza para que les llamen "la generaci√≥n de los 700 euros".

En Estados Unidos, el fen√≥meno se asocia metaf√≥ricamente a Wal-Mart, la mayor cadena de distribuci√≥n comercial del mundo, que da empleo a 1,3 millones de personas, aplicando una pol√≠tica de bajos precios a costa de salarios √≠nfimos -la hora se paga un 65% por debajo de la media del pa√≠s-, sin apenas beneficios sociales y con importaciones masivas de productos extranjeros baratos procedentes de mercados emergentes, que est√°n hundiendo la industria nacional. La walmartizaci√≥n de Estados Unidos ha sido denunciada en la anterior campa√Īa presidencial tanto por los dem√≥cratas como por los republicanos. El presidente Barak Obama cre√≥ por decreto la Middle Class Task Force, el grupo de trabajo de la clase media, que integra a varias agencias federales con el objeto de aliviar la situaci√≥n de un grupo social al que dicen pertenecer el 78% de los estadounidenses. El grupo tiene su propia p√°gina web y su lema: "Una clase media fuerte es una Am√©rica fuerte".

Hacen falta m√°s que lemas para salir de la espiral que ha creado la recesi√≥n y que arrastra en su v√≥rtice a una clase media debilitada hacia el mileurismo o tal vez m√°s abajo. En Nueva York, 1,3 millones de personas se apuntaron a la sopa boba de los comedores sociales en 2007. Apenas un a√Īo despu√©s, tres millones de neoyorquinos eran oficialmente pobres. Los pobres limpios, como se denomina a los que han descendido desde la clase media, tambi√©n comienzan a saturar los servicios sociales en Espa√Īa. Las peticiones de ayuda en C√°ritas han aumentado un 40%, y el perfil social del demandante empieza a cambiar: padre de familia, var√≥n, en paro, 40 a√Īos, con hipoteca, que vive al d√≠a y que ha agotado las prestaciones familiares.

Con el prop√≥sito de tranquilizar a la poblaci√≥n, los dirigentes han comenzado a hablar de "brotes verdes" para designar los primeros signos de recuperaci√≥n. Pero √©sta no es una crisis cualquiera. Howard Davidowitz, economista y presidente de una exitosa consultora, se ha convertido en una estrella medi√°tica en Estados Unidos al fustigar sin piedad el optimismo de la Administraci√≥n de Obama. "Estamos hechos un l√≠o y el consumidor es lo suficientemente listo para saberlo. Con este panorama econ√≥mico, el consumidor que no se haya petrificado es que es un maldito idiota. Esta crisis har√° retroceder al pa√≠s al menos diez a√Īos y la calidad de la vida nunca volver√° a ser la misma".

La marcada frontera que separaba la clase media de la exclusión y de los pobres se está derrumbando a golpes de pica como lo hizo el muro de Berlín, y algunos se preguntan si tal vez la caída del telón de acero no haya marcado el inicio del fin de conquistas sociales y laborales que costaron siglos (y tanta sangre), una vez que el capitalismo se encontró de repente sin enemigo.

Al margen de especulaciones hist√≥ricas, lo cierto es que la desigualdad crece. En Espa√Īa, la Encuesta de Condiciones de Vida, realizada en 2007 por el INE, se√Īalaba que casi 20 de cada 100 personas estaban por debajo del umbral de la pobreza. El √ļltimo informe FOESSA sobre exclusi√≥n y desarrollo social en Espa√Īa, de C√°ritas, resaltaba que hay un 12,2% de hogares "pobres integrados", esto es, sectores integrados socialmente pero con ingresos insuficientes y con alto riesgo de engrosar las listas de la exclusi√≥n. Su futuro es m√°s incierto que nunca, y muchos hablan de un lento proceso de desintegraci√≥n del actual Estado de bienestar.

Otros expertos son mucho m√°s optimistas y descartan que se pueda hablar del fin de clase media. "Es una afirmaci√≥n excesivamente simplista que obvia algunos de los grandes avances que ha registrado la sociedad espa√Īola en el largo plazo. Las crisis comienzan perjudicando a los hogares con menores ingresos y menor nivel formativo, para extender posteriormente sus efectos al resto de grupos. Y aunque mantenemos niveles de desigualdad considerablemente elevados en el contexto europeo estamos todav√≠a lejos de ser una sociedad dual", se√Īala Luis Ayala, profesor de Econom√≠a Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos y uno de los autores del informe FOESSA.

El catedr√°tico de Estructura Econ√≥mica Santiago Ni√Īo Becerra ha saltado a la fama editorial por su libro El crash de 2010 (Los Libros del Lince), en el que afirma que la crisis no ha hecho m√°s que empezar y que ser√° larga y dura. A la pregunta de c√≥mo va a afectar esta debacle a la clase media, contesta: "El modelo de protecci√≥n social que hemos conocido tiende a menos-menos porque ya ha dejado de ser necesario, al igual que lo ha dejado de ser la clase media: ambos han cumplido su funci√≥n. La clase media actual fue inventada tras la II Guerra Mundial en un entorno posb√©lico, con la memoria a√ļn muy fresca de la miseria vivida durante la Gran Depresi√≥n y con una Europa deshecha y con 50 millones de desplazados, y lo m√°s importante: con un modelo prometiendo el para√≠so desde la otra orilla del Elba. La respuesta del capitalismo fue muy inteligente (en realidad fue la √ļnica posible, como suele suceder): el Estado se meti√≥ en la econom√≠a, se propici√≥ el pleno empleo de los factores productivos, la poblaci√≥n se puso a consumir, a ahorrar y, ¬°tach√≠n!, apareci√≥ la clase media, que empez√≥ a votar lo correcto: una socialdemocracia light y una democracia cristiana conveniente; para acabar de completar la jugada, esa gente ten√≠a que sentirse segura, de modo que no desease m√°s de lo que se le diese pero de forma que eso fuese mucho en comparaci√≥n con lo que hab√≠a tenido: sanidad, pensiones, ense√Īanza, gasto social... que financiaban con sus impuestos y con la peque√Īa parte que pagaban los ricos (para ellos se inventaron los para√≠sos fiscales). Todo eso ya no es necesario: ni nadie promete nada desde la otra orilla del Elba, ni hay que convencer a nadie de nada, ni hay que proteger a la poblaci√≥n de nada: hay lo que hay y habr√° lo que habr√°, y punto. Por eso tampoco son ya necesarios los para√≠sos fiscales: ¬Ņqu√© impuestos directos van a tener que dejar de pagar los ricos si muchos de ellos van a desaparecer y si la mayor√≠a de los impuestos de los que quieren escapar van a ser sustituidos por grav√°menes indirectos?".

Y es que frente a la extendida idea de que la mejor forma de favorecer el bienestar es conseguir altas tasas de crecimiento y de creaci√≥n de empleo, en los momentos de m√°xima creaci√≥n de empleo la desigualdad no disminuy√≥. Al contrario, desde el primer tercio de los a√Īos noventa la pobreza no ha decrecido. Los salarios crecen menos que el PIB per c√°pita. El √ļltimo informe mundial de salarios de la Organizaci√≥n Internacional de Trabajo (OIT) destaca que entre 2001 y 2007 crecieron menos del 1,9% en la mitad de los pa√≠ses. En Espa√Īa, el aumento real fue casi cero, como en Jap√≥n y Estados Unidos. Para 2009, la OIT pronostica que los salarios crecer√°n s√≥lo un 0,5%.

En Espa√Īa hay un dato a√ļn m√°s revelador del v√©rtigo que siente la clase media cuando se asoma al abismo de inseguridad que le ofrece esta nueva etapa del capitalismo. El n√ļmero de familias que tiene a todos sus miembros en paro ha sobrepasado el mill√≥n. Y peor a√ļn, la tasa de paro de la persona de referencia del hogar -la que aporta m√°s fondos y tiene el trabajo m√°s estable- est√° ya en el 14,5%, muy similar a la del c√≥nyuge o pareja (14,4%), cuyo sueldo se toma como un ingreso extra, mientras que la de los hijos se ha disparado cinco puntos en el primer trimestre y est√° en el 26,8%.

Luis Ayala constata que, por primera vez desde mediados de los a√Īos noventa, al inicio de esta crisis hemos asistido a tres cambios claramente diferenciales respecto al modelo distributivo en vigor en las tres d√©cadas anteriores: la desigualdad y la pobreza dejaron de reducirse (aunque no aumentaron) por primera vez desde los a√Īos sesenta; por primera vez en muchos a√Īos la desigualdad no disminuy√≥ en un contexto de crecimiento econ√≥mico, y a diferencia de lo que sucedi√≥ con la mayor√≠a de los indicadores macroecon√≥micos (PIB per c√°pita, d√©ficit p√ļblico, desempleo, etc√©tera), durante este periodo se ampli√≥ el diferencial con la UE desde el punto de vista de desigualad.

"Si en un tiempo de mareas altas no disminuy√≥ la desigualdad, cabe contemplar con certeza su posible aumento en un periodo de mareas bajas. La evidencia que muestran varios estudios de cierta conexi√≥n entre determinadas manifestaciones del desempleo y la desigualdad y la pobreza obligan, inevitablemente, a pensar en un r√°pido aumento de la desigualdad y de las necesidades sociales. As√≠, tanto el n√ļmero de hogares en los que todos los activos est√°n en paro como la tasa de paro de la persona principal del hogar son variables m√°s relacionadas con la desigualdad que los cambios en las cifras agregadas de empleo. La informaci√≥n m√°s reciente que ofrece la EPA deja pocas dudas: en ninguno de los episodios recesivos anteriores crecieron tan r√°pido ambos indicadores, por lo que cabe pensar en aumentos de la desigualdad y de la pobreza monetaria muy superiores a los de cualquier otro momento del periodo democr√°tico", afirma Ayala.

En efecto, estos datos demolen en parte el viejo basti√≥n espa√Īol frente a la crisis: el colch√≥n familiar. ¬ŅC√≥mo van a ayudar los padres a los hijos si comienzan a ser los grandes protagonistas del drama del desempleo? El profesor Josep Pijoan-Mas, del Centro de Estudios Monetarios y Financieros (CEMFI), en el art√≠culo Recesi√≥n y crisis (EL PA√ćS, 15 de marzo), observaba una preocupante similitud entre esta recesi√≥n y la de 1991-1994, cuando el paro trep√≥ hasta el 24%. "Los datos muestran que el aumento de la desigualdad en el √°mbito individual se amplifica cuando agrupamos los datos por hogares. Esto sugiere que, contrariamente a la creencia popular, la familia no es un buen mecanismo de seguro en Espa√Īa: cuando un miembro del hogar experimenta descensos de renta, lo mismo sucede al resto de miembros del hogar", indica.

Afirmar a simple vista que, por primera vez desde la II Guerra Mundial (la Guerra Civil en Espa√Īa), las nuevas generaciones vivir√°n peor que la de sus padres puede parecer osado. Nunca tantos j√≥venes estudiaron en el extranjero (gracias a las becas Erasmus), viajaron tanto (gracias a las aerol√≠neas low cost) o prolongaron tanto su formaci√≥n. Pero se trata de una sensaci√≥n de riqueza ilusoria, apegada al parasitismo familiar. El n√ļmero de j√≥venes espa√Īoles que dispone de una independencia econ√≥mica plena disminuy√≥ desde el 24% en 2004 al 21% en 2008, seg√ļn el √ļltimo informe del Instituto de la Juventud (Injuve). El proceso es general en toda Europa. El n√ļmero de "viejos estudiantes" ha crecido a un ritmo vertiginoso en los √ļltimos a√Īos. As√≠, el 15% del total de estudiantes de la Uni√≥n Europea (entendiendo por tales los que dedican todo su tiempo a la formaci√≥n) tiene ya m√°s de 30 a√Īos, seg√ļn el Informe de la Juventud de la Comisi√≥n Europea de abril pasado.

Cuando esos maduros estudiantes se incorporan al mercado laboral les esperan contratos temporales, tal vez para siempre. Y es que seg√ļn el informe de la UE, el porcentaje de personas que ten√≠a un contrato temporal y no pod√≠a encontrar uno fijo se incrementa con la edad. Del 37%, entre los 15 a los 24 a√Īos, hasta el 65%, entre los 25 los 29. Atrapados en la temporalidad de por vida, van desenga√Ī√°ndose de encontrar algo mejor a medida que envejecen. Muchos cuando rondan la treintena ya est√°n resignados a su suerte.

"Desde luego es la generaci√≥n que menos periodos de adultez va a tener. Pueden entrar en el mercado laboral a los 33 a√Īos y encontrarse con un ERE a los 50 o directamente con la prejubilaci√≥n. El problema es que ofertamos puestos de trabajo que puede hacer cualquiera. Por eso, curiosamente, los j√≥venes van a responder a la crisis dependiendo de las posibilidades que tengan de esperar y formarse adecuadamente. Y en eso es decisivo el poder adquisitivo de los padres y su nivel educativo", se√Īala el soci√≥logo Andreu L√≥pez, uno de los autores del √ļltimo informe de Injuve.

El drama laboral no s√≥lo lo sufren los j√≥venes. Puede que los miles de trabajadores que est√°n perdiendo su empleo vuelvan al mercado laboral cuando la crisis escampe, pero no con las mismas condiciones. Por ejemplo, la ingente masa laboral de la construcci√≥n que ha sostenido la econom√≠a espa√Īola deber√° ocuparse en otros sectores. "Todo lo que aprendieron a hacer trabajando en los √ļltimos a√Īos les valdr√° de poco o nada. Por tanto, no es de esperar que sus salarios sean muy altos cuando encuentren nuevos empleos. De hecho, la evidencia emp√≠rica disponible para Estados Unidos muestra que los desempleados ganan menos cuando salen de un periodo de desempleo y que dicha p√©rdida salarial es mayor cuanto m√°s largo ha sido el periodo de desempleo", indicaba el profesor Pijoan-Mas.

Los gobernantes han encontrado un bálsamo de Fierabrás contra el paro y la precariedad laboral: innovación y ecología. Los empleos que nos sacarán de la crisis estarán basados en el I+D+i. Es lo que Zapatero ha llamado el nuevo modelo productivo. Sin contar con que los sectores tecnológicos no son muy intensivos en mano de obra, la premisa parte en cierta forma de una falacia: la de pensar que los países emergentes se quedaran parados mientras convertimos los cortijos andaluces en factorías de chips ultraconductores y laboratorios genéticos.

La globalizaci√≥n tambi√©n ha llegado al I+D+i. La India, por ejemplo, produce 350.000 ingenieros al a√Īo (los mejores en software de todo el mundo), angl√≥fonos y con un salario medio de 15.000 d√≥lares al a√Īo, frente a los 90.000 que ganan en Estados Unidos. Por su parte, China est√° a punto de convertirse en el segundo inversor mundial en I+D. "Cuando despertemos de la crisis en Europa, descubriremos que en la India y en China producen muchas m√°s cosas que antes", avisa Michele Boldrin, catedr√°tico de la Washington University.

Ante este clima de inseguridad y falta de perspectivas, no es de extra√Īar que el 45,8% de los parados est√© considerando opositar y el 14,6% ya est√© preparando los ex√°menes, seg√ļn una encuesta de Adecco. Ser funcionario se ha convertido en el sue√Īo laboral de cualquier espa√Īol, y puede ser el √ļltimo reducto de la clase media. El √ļnico peligro es que su factura es crecientemente alta para un pa√≠s en el que se desploman los ingresos por cotizaciones sociales y por impuestos ligados a la actividad y a la renta. La √ļltima EPA refleja que los asalariados p√ļblicos han crecido en un a√Īo en 116.200 personas, sobrepasando por primera vez la cifra de tres millones.

El coste total de sus salarios alcanzar√° este a√Īo los 103.285 millones de euros, seg√ļn datos del Ministerio de Pol√≠tica Territorial. Cada funcionario le cuesta a cada habitante 2.400 euros, el doble si consideramos s√≥lo a los asalariados. ¬ŅPuede permitirse una econom√≠a tan maltrecha una n√≥mina p√ļblica que consume el equivalente al 10% de la riqueza nacional en un a√Īo?

Un panorama tan sombrío para amplias capas de la población puede sugerir que pronto se vivirán enormes convulsiones sociales. Algunos advierten de un resurgimiento de movimientos radicales, como el neofascismo. Por el momento, nada de eso se ha producido. Las huelgas generales convocadas por los sindicatos tradicionales en países como Francia o Italia no han tenido consecuencia alguna, porque los más damnificados -parados y mileuristas- no se sienten representados por ellos.

En Espa√Īa, ni siquiera se han convocado paros. Y los llamados sindicatos de clase van de la mano del Gobierno al Primero de Mayo e invitan al l√≠der de la oposici√≥n a sus congresos. Un marco demasiado amigable con el poder pol√≠tico teniendo detr√°s cuatro millones de parados y casi un tercio de los asalariados con contrato temporal.

Puede que no sea muy romántico advertir de que, tampoco esta vez, seremos testigos de una revolución, pero es muy probable que la caída del bienestar se acepte con resignación, sin grandes algaradas, ante la indiferencia del poder político, que llevará sus pasos hacia la política-espectáculo, muy en la línea de algunas apariciones de Silvio Berlusconi o Nicolas Sarkozy, cuya vida social tiene más protagonismo en los medios de comunicación que las medidas que adoptan como responsables de Gobierno.

En esa l√≠nea, Santiago Ni√Īo Becerra considera que hoy por hoy "la ideolog√≠a pr√°cticamente ha muerto", y gradualmente, evolucionaremos hacia un sistema pol√≠tico en el que un grupo de t√©cnicos tomar√° las decisiones y "la gente, la poblaci√≥n, cada vez tendr√° menos protagonismo.

"Conceptos como funcionarios, jubilados, desempleados, subempleados, mileuristas, undermileuristas irán perdiendo significado. Con bastante aceleración se irá formando un grupo de personas necesarias que contribuirán a la generación de un PIB cuyo volumen total decrecerá en relación al momento actual, personas con una muy alta productividad y una elevada remuneración (razón por la cual su PIB per cápita será mucho más elevado que el actual), y el resto, un resto bastante homogéneo, con empleos temporales cuando sean necesarios, dotados de un subsidio de subsistencia (el nombre poco importa) que cubra sus necesidades mínimas a fin de complementar sus ingresos laborales. La recuperación vendrá por el lado de la productividad, de la eficiencia, de la tecnología necesaria; pero en ese trinomio muy poco factor trabajo es preciso. Pienso que la sociedad post crash será una sociedad de insiders y outsiders: de quienes son necesarios para generar PIB y de quienes son complementarios o innecesarios".

Una impresi√≥n bastante similar a la de los italianos Gaggi y Narduzzi que, en su √ļltimo libro, El pleno desempleo (Lengua de Trapo, 2009), dibujan un marco sociolaboral sin beneficios contractuales, baby boomers (la generaci√≥n que ahora tiene entre 40 y 60 a√Īos) resisti√©ndose a jubilarse, contratos temporales de servicios y aut√≥nomos sin seguridad. Y pese a todo, una masa social amorfa y resignada.

"La masa del siglo XXI es una forma social figurada no material en el sentido de que no es f√°cil ver las concretas manifestaciones pol√≠ticas o sociales en la calle, mientras que es normal identificar conductas o comportamientos masificados como la utilizaci√≥n de Google o la pasi√≥n por el iPhone. Esto significa que cuatro millones de desempleados son hoy menos peligrosos de lo que lo eran en 1929, porque no hay una ideolog√≠a pol√≠tica que contextualmente cohesione y aglutine el malestar y la disensi√≥n. Y tambi√©n los sindicatos se han debilitado. La crisis actual rechaza amablemente lo que dec√≠amos en nuestro ensayo del a√Īo pasado: el mercado de trabajo se desestructura y se flexibiliza hasta el punto de que aparecen como desocupados de hecho la mayor√≠a de los trabajadores. Es el triunfo del factor de la producci√≥n capital, que aparentemente est√° en crisis, pero que en realidad se aprovecha de la crisis para dar el empuj√≥n final a las √ļltimas, y pocas, certezas de los trabajadores", se√Īalan.

Hace cuatro a√Īos, Carolina Alguacil hizo una definici√≥n precisa y certera cuando acu√Ī√≥ el t√©rmino de mileurista. "Es aquel joven licenciado, con idiomas, posgrados, m√°steres y cursillos (...) que no gana m√°s de mil euros. Gasta m√°s de un tercio de su sueldo en alquiler, porque le gusta la ciudad. No ahorra, no tiene casa, no tiene coche, no tiene hijos, vive al d√≠a... A veces es divertido, pero ya cansa". Si hubiera que reescribir ahora esa definici√≥n s√≥lo habr√≠a que a√Īadir: "El mileurista ha dejado de tener edad. Gana mil euros, no ahorra, vive al d√≠a de trabajos espor√°dicos o de subsidios y, pese a todo, no se rebela".
Objetivo: la 'generación tapón'

Internacionalmente se les conoce como baby boomers. En Espa√Īa, le llaman generaci√≥n tap√≥n y abarca a los nacidos en las d√©cadas de los cincuenta y sesenta, coincidiendo con un boom de la natalidad. Acaparan casi todos los puestos de responsabilidad en la pol√≠tica, los negocios e, incluso, la vida cultural, taponando el acceso a las nuevas generaciones, se supone que mejor formadas.

En el plano laboral, ocupan los trabajos fijos, mejor pagados, protegidos por derechos laborales y sindicatos poderosos, mientras los mileuristas sufren la precariedad y la temporalidad. Los trabajadores con un contrato temporal tuvieron un salario medio anual inferior en un 32,6% al de los indefinidos (Encuesta Estructura Salarial 2006).

Pero no todos los cuarentones son triunfadores o acomodados padres de familia. Tambi√©n ellos sufren su propia dualidad. Los salarios entre ejecutivos y empleados se han agrandado en los √ļltimos a√Īos. El salario anual de los directores de empresas de m√°s de diez trabajadores fue superior en un 206,6% al salario medio en 2006.

En tiempos de recesión, los ojos se vuelven hacia ellos. Además de ser el objetivo de los ERE, bajadas de salarios o el recorte de prestaciones, los baby boomers serán los principales paganos con sus impuestos del creciente endeudamiento que están acometiendo los Estados para sortear la crisis. Y eso sin contar la amenaza de la inviabilidad de sus pensiones cuando lleguen a la edad de jubilación, de la que no paran de advertir los malos augures como el FMI. Pero además de una carga laboral son también el principal sostén del consumo. Así que cuidado con quitar el tapón, no vaya a ser que se vaya el gas.



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Lo esencial es invisible a los ojos.
El principito



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